Un clavo saca a otro clavo
Hubo una vez un hombre que pensaba en cómo sacar un clavo de una tabla gruesa de madera, pues no tenía pinzas, sólo un mazo y unos clavos.
Pasó mucho rato pensando en la manera de sacarlo y cuando iba a desistir, se le ocurrió una idea.
Tomó otro clavo y lo clavó sobre la cabeza del que quería sacar; de esta forma el primero salió del otro lado de la tabla.
A veces tenemos odio, dolor o un resentimiento que hemos estado tratando de sacar de nuestro corazón y no hemos podido, por lo arraigado que se encuentra.
Existen otros "clavos" que podemos usar para quitar esos primeros que nos lastiman tanto; así podríamos sacar:
El rencor con el perdón;
El odio con el amor;
La tristeza con la alegria;
La inseguridad con la confianza;
La ira con la paz;
La autolástima con la aceptación.
¿Cuál es ese "clavo" que no has podido sacar?
Al final, no importa cuál sea, pues debes de saber que no tienes por qué tenerlo clavado, pues ya hubo alguien que los recibió por ti en la cruz.
